jueves, 25 de julio de 2013

Mi cincuenta cláusulas 21


Capítulo 3.


Media noche y el impresionante centro de fruta, sigue llevándose toda la atención de Minerva.

Con la nota que lo acompañaba, arrugada en una mano, Minerva resopla. ¡Comienza la calor!

De una, lanza la nota al suelo de su habitación y de un salto se deja caer en su cama, sin perder de vista el centro afrutado. La calor, ¡sube!

Apoyada en los amplios cojines de su cama, Minerva recuenta. Esta sola en casa, son altas horas de la noche, viste un coqueto y corto pijama de seda y las persianas están bajadas cubiertas por lo último en Store,s. La calor no baja, sube y sube.

"Uhm", leve gemido al apretar sus desnudos muslos entre sí. Es hora de encender su IPod y que la voz de  Adele, inunde su habitación. La calor alcanza su punto más álgido y Minerva, se desliza por la cama.

"Mm" hondo gemido. Seda contra seda, su cuerpo se desliza armonioso, erizando el vello de Minerva por la caricia que supone. Cerrar los ojos y locura al verla allí guardada. ¡Julia!

"Muérdeme", las manos comienzan un viaje electrificante por su cuerpo y Minerva se lame y muerde los labios. ¡Deseo!

Acariciándose aún sin rumbo, el cuerpo de Minerva se retuerce en busca de placer. Su mano derecha, se cuela sin prisas por su corto top. ¡Caliente!

Lo está la piel que acaricia como lo está toda ella. Los grises ojos que la miran dominadores, la hacen gemir y obedecer. Su mano alcanza su pecho y se cierra fuerte sobre el. ¡Arder!

El roce muslo contra muslo, no basta. Julia quiere que se abra y ella obedece. Jadeando, no abre los ojos, quiere a Julia ahí con ella y a ojos cerrados, se quita los shorts.

"Uhm...dios" gime Minerva, cuando sus propias manos conquistan su cuerpo. Una retorna a su pecho. Apretar y apretar. Y la otra desciende por su depilado monte de Venus. Acariciar y acariciar.

"Mojada, mojada sólo para ti"

Sus dedos se pasean por su húmedo sexo, Julia quiere probar su sabor y Minerva se lo entrega.

" Si...chupalo...si ...es tuyo...es para ti"

La mano que saciaba su pecho de suaves caricias, busca agarrarse al cabezal. Minerva lame sus dedos empapados de ella misma. La habitación, arde.

"Mira lo que me haces hacer"


Y Minerva abre las piernas para Julia, y sus dedos abandonan su boca, para mojados acariciar sus henchidos pezones. Delinearlos primero, "Uhm", atraparlos entre sus yemas después "Uhm", y abandonarlos sólo, para iniciar la posesión absoluta. ¡Locura!

La que Minerva vio en unos grises ojos y locura, la que le hace abrir sus piernas como nunca antes.

"Poséeme, estoy abierta y mojada como quieres"

Suave caricia que se desliza por su caliente humedad, abrir sus labios como lo están sus piernas, círculos de intenso placer sobre su abultadísimo clítoris y entrada en ella. "Dios"

Una penetración fuerte y decidida, que le hace buscar de nuevo sujeción en el cabezal de la cama testigo de una nueva entrega a Julia. Incontables espasmo que siente su cuerpo e incontables gemidos, silenciando a Adele.

" Si...si....si....poséeme....hazlo"

Intensos segundos de lujuria, deseo y placer, que culminan en un no menos intenso orgasmo, que sacude a Minerva por entero.

"Joder"

Otros tantos segundos o minutos que tarda en relajarse, limpiar sus manos en la suave seda y cuando relajada, deja de cubrir su rostro con ambas manos, descubre una lucecita en su mesita.

"Madre mía", murmura sin poder creerse lo intenso del momento vivido en soledad y decide ir al baño.

La lucecita no es más que un aviso de correo, mensaje o a saber que tipo de conexión en IPhone, puede esperar a que Minerva se asee y su rostro vuelve a su color normal.

Sera a su regreso del baño, cuando tras una nueva mirada al centro afrutado, coja su móvil y su cara muestre la total sorpresa que el correo recibido le supone.

De JuliaArango@arangointernacional.org

Para MineDeUrrutias@vanityfair.org

Asunto: Agradecimientos

Me confirmaron su llegada a Madrid. Espero haya tenido un feliz vuelo. Quede encantada con sus fotografías y me gustaría poder repetir un entrevista con usted. El tiempo jugó en mi contra y quedaron cuestiones por aclarar.

Espero me confirme cuando podríamos volver a reunirnos.

Gracias por...

Pd. Fue de su agrado la fruta?

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Termina de leer Minerva, totalmente asombrada. Definitivamente, esa mujer le habrá regalado dos orgasmos como dos catedrales, pero su despotismo, no tiene límites. Dispuesta a no callarse, contesta el correo al momento.
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De MineDeUrrutias@vanityfair.org

Para JuliaArango@arangointernacional.org

Asunto: No hay de qué

Vuelo feliz y muy bien acompañado. En verdad, el regreso resulto más ameno y placentero que la ida.

En cuanto me sea posible, recibirá mi confirmación.

Un saludo (se suele hacer y queda bien)

Pd. No me va mucho, la fruta caribeña.

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Correo enviado y Minerva que lo ha escrito totalmente convencida y disfrutándolo, ahora se muerde una uña nerviosa. ¿Como se lo tomará Julia?

En pocos minutos, obtiene su contestación.
 
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De JuliaArango@arangointernacional.org

Para MineDeUrrutias@vanityfair.org

Asunto: Lo hay y mucho.

Me alegro que así fuese. Mi personal está altamente cualificado y me gusta comprobar que son fieles al compromiso adquirido.

Repito, espero una PRONTA confirmación.

Saludos (ya puestos a..)

Pd. Yo esta noche, probé una de la que desde ya, me declaro adicta.

Pd2. Es hora de descansar, señorita Minerva.

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"Odio que te empeñes en tener la última palabra, señora Arango"
Ultimo pensamiento de Minerva, es hora de dormir, pero al cerrar los ojos dispuesta a ello, Julia regresa.
"Dios, menuda locura"









miércoles, 24 de julio de 2013

Wilson S.L. 87


Un partido de fútbol con padres, madres y los niños, le había hecho disfrutar tanto como a Adriana. Madre e hija compartieron risas, golpes y abrazos victoriosos y había sido Adriana, quien le había llevado al marco de fotografía, que sentada en el coche de Anna, contempla Maca embelesada.

Ad: Le duelen los pies, pero como es una princesita no lo dice.

Esas habían sido las palabras de su hija, tras acabar el partido y reunirse con el resto. Le basto mirar a Anna, para saber que su hija no se equivocaba. Serían los pies, la cintura o lo que fuese, pero a pesar de estar guapísima, el rostro de Anna denotaba cansancio.

Ad: En el coche tiene unas manoletinas, ¿se las traigo?

Rechazó el ofrecimiento de Adriana, instándola a seguir compartiendo juegos con sus amigos. Le apetecía ser ella, la que está noche, la mimase.

Camino del coche, recordó el saludo que entre ambas se había dado apenas unas horas antes. Anna lucía espectacular con un vestido recto color claro. Sencillo y elegante, que resaltaba su barriga. Cuanta razón tenía la anciana, los embarazos en Anna realzaban su belleza.

Cautivada por ella, por cómo lucía, por las estúpidas e infantiles mariposas en su estómago, por lo íntima que había sido su última conversación y porque en definitiva, era Anna quien caminaba hacia ella, apenas reaccionó y Anna ya estaba a un sólo paso de ella.

An: Ya pensé que no venías

M: Fue un asco. Después te cuento.

An: Si, primero.....Hola

Un sólo saludo, una sola sonrisa y los pulsos no se le pararon como canta la copla, se le aceleraron demostrándole que estaban más vivos y fuertes que nunca. Ese coqueto hola de Anna y esa sonrisa, la tele transportaron de golpe a un viejo nogal al que ella durante muchas tardes acudió nerviosa y ansiosa por pasar un rato con la creída Paredes. La misma a la que asaltaba a preguntas nada más verla llegar, intentando aplacar nervios y la misma que siempre le respondía, como el día de hoy.

Respondió al saludo con una sonrisa y tras ella, susurro un hola que obtuvo como premio, la excitante subida de ojos de Anna. Tocaba acompañar el saludo, de alguna demostración cariñosa y ambas debieron pensar lo mismo.

"Te besó en esta mejilla o aquella, me lío y te lías, te sonríes y me sonrió". Al final, un beso leve y accidental en los labios,  que hace suspirar a ambas, mientras algunos las miran, sonriendo por los nervios mostrados.

Después conversaciones en conjunto o por separado, pero a cada instante a cada segundo; ambas buscándose. ¿Era necesario haber tenido que pasar todo lo pasado para buscarse por primera vez así? Puede que no, pero en ellas así se dio.

"Tú me miras y yo te miro, tú me ofreces una bebida y yo algo de picar, tú me sonríes y yo no dejo de hacerlo".

Gestos y detalles, que hacen que el hilo invisible que las une, no se tense, sino que se moldea, según bailan sus extremos.

Ahora, sentada en el coche que utiliza Anna, con las manoletinas aún lado y un marco entre sus piernas, Macarena vuelve a buscarla y la halla. A esa distancia, puede imaginar que Anna la observa extrañada y seguro que no sabe, que se adelantó al regalo.

Cualquiera que conozca a Anna, sabe de lo extremadamente detallista que es. El marco estaba guardado en su cajita de cartón, a falta de envolver con un bonito papel, quizás algún lacito, o quizás el papel llevaría alguna letra imitando algún juego. Quien sabe, la curiosidad de Maca por todo aquello que lleve la marca Anna, le hace violar cualquier principio o intimidad.

La sorpresa al abrir la cajita fue mayúscula y lo primero que sus ojos vieron, fue un nombre enunciado dos fotografías entrelazadas; Jaime. A la derecha la última ecografía del futuro dueño de ese nombre y a la izquierda, Anna. Anna y su tentadora y hermosa barriga.

Se empapó lo que quiso de ambas fotos unidas, con esfuerzo volvió a guardar el marco en su caja y aprovechando un descuido de Anna, volvió a dejarlo tal cual lo había encontrado en el maletero.

No le hacía falta ninguna indicación para saber que el marco era un regalo y que además era un regalo para ella. ¿Como narices había vivido antes sin disfrutar de esos detalles? Quien sabe, es una de las tantas preguntas que quizás, nunca hallen respuesta. ¿Las necesita? No, si la dueña de esos detalles ahora se los ofrece, si además esa dueña la espera como ahora sonriendo y menos, cuando sus mejillas ya no crujen por falta de entrenamiento a la hora de sonreír.

An: ¿No me habrás cotilleado el maletero?- pregunta Anna y sonríen aún más en su interior. Maca olvida, que Adriana es una copia de ella misma, y lo que podría desconocer de ella, lo ha aprendido a través de su hija. Su forma de mirar al suelo ante la pregunta realizada, ya le ha dado una respuesta.

M: No, ¿debía?

An: Uhm...no, no debías.

M: Déjame que te los cambie- se escabulle Macarena, de la observación de Anna, reteniendo las ganas de reír y sobre todo de pedir la fotografía de la izquierda al completo.

Un corto paseo hasta el banco más próximo y comienza el velado examen. "Te pillo mirándome y ambas sonreímos, ¿hablas tú o lo hago yo? Error, lo hicimos a la vez".

An: Perdón

M: Nada

Disculpas sonrientes, que para eso las mejillas ya se han acostumbrado, cogerse de la mano para que Anna se siente, es una mujer embarazada a la que le gusta fustigarse con altos tacones y arrodillarse frente a ella, dispuesta a cambiarle los zapatos. "Si te miro ahora, no habrá secretos"

An: Parecemos crías.

M: Es bonita la sensación.

An: Uhm...no me vayas a decir tan bonita como yo, que se me puede adelantar el parto.

Un chascarrillo, es lo único que se le ocurre a Anna. Maca está a sus pies cambiándole los zapatos. No está embarazada de ocho meses, por lo tanto aún la barriga no le imposibilita hacerlo ella misma. No ha pedido las manoletinas, las trajo ella sorprendiéndola. Y ahora retira el zapato de alto tacón, con extrema suavidad. Un chascarrillo, es lo único que se le ocurre, para que su derretimiento por eso gesto, no sea cristalino.

M: Nunca te han gustado los detalles o demostraciones empalagosas, ¿verdad?

An: No, prefiero detalles como el que estás teniendo ahora mismo. Natural y nada recargado.

M: Ah, significa que no puedo acariciarte el pie y subir de a poco por tu pierna y

An: Y prefiero- interrumpe Anna justo a tiempo, de que la mano de Maca, comience el ascenso anunciado- me cuentes que tal la reunión.

M: Un asco- se queja Maca sentándose junto a ella- Necesito financiación y el mundo legal es una putada. A mi forma, no tendría problemas.

An: Tú forma- murmura Anna, sin ninguna intención, pero Maca se tensa, malentendiendo su murmuración. Anna no tarda en apreciar el malentendido, pero no le da tiempo a hacerse entender, Maca ya está de pie.

M: Lo estoy intentando.

An: Lo sé, ¿quién te ha dicho nada?

M: Y soy capaz de conseguirlo

An: Me parece genial, ¿qué quieres que te diga?

M: No se, puede que un poco de apoyo de tu parte no vendría mal.

An: Maca, no empecemos. Me he apartado justo para que hagas y deshagas a tu antojo.

Ahora es Anna, quien también se incorpora. "Si tú te picas, yo no me quedo atrás"

M: ¿Pensando en ti o en mi?

An: En ambas. Míranos, por favor. ¿Cuánto hemos tardado en discutir?

M: Tú culpa, te cuento algo y ya estás juzgándome.

An: No subas la voz

M: Lo hago si quiero

An: Maca

Dos intercambios de frases subidas de tono y el hilo deja de bailar, se tensa atrayéndolas. Y si las atrae, los brazos de Maca por inercia agarran a Anna y Anna, se deja agarrar.

Pero en el "yo te sujeto y tú me dejas", repetido durante tanto tiempo, algo ha cambiado y no han sido, las ganas inmensas de poseerse.

M: Cuando te pones así, me haces perder los nervios.

La sujeción no es necesaria e inconscientemente Maca lo sabe. Por eso sus manos dejan de apretar, para ceñirse suave sobre la piel que tocan.

An: Porque no me das tiempo a explicarme. Te subes como la espuma.

Con los brazos, suavemente liberados, las manos de Anna ganan libertad y si la ganan, la disfrutan pegándose al torso de Maca.

M: Y la única forma que encuentro de callarte es

Ad: Mami, comienza otro partido. Vamos

La interrupción de Adriana, comienza a ser un estigma entre ellas y resignadas, ambas frentes se buscan, necesitando de un contacto.

M: Le voy a poner un cascabel, te aviso.

An: Jajaja

M: Y quiero la foto entera.

An: Estoy desnuda

Ad: Mami, vamos

M: Por eso mismo.

An: Creí que habías dejado el sexo.

M: El sexo si. Las ganas de hacerte el amor, imposible dejarlas.



 
 
 
 



martes, 23 de julio de 2013

Mi cincuenta cláusulas 20




Una auténtica locura. Julia le había seguido hasta el baño, propiciando que su enfado no descendiera ni un sólo ápice, pero que además, Julia ahora la mirase en completo silencio, no hizo más que aumentarlo.

No dispuesta a ceder más terreno a esa mujer, decidió omitirla y hacer aquello a lo que venía. Se deshizo el lazo que adornada su camisa, se abrió un par de botones más y se dispuso a refrescar su nuca.

Pero Julia y su incesante mirar, eran muy difícil de omitir.

- ¿Va a mirarme por mucho tiempo?- explotó Minerva y ni siquiera se preocupó de secar las gotas de agua que desfilaban por su nuca. Julia parecía pensar una respuesta que darle y Minerva se maldijo, porque cuanto más enfadada estaba por el comportamiento de esa mujer, más ganas sentía de ella.

- ¿Volvemos al usted?

- Agh....¿siempre tiene que esquivar mis preguntas?

- ¿Siempre tiene que responderme?

- Y vuelta a empezar.

- Te ves increíblemente bonita enfurecida.

Esa observación hace unos minutos, hubieron subido el ego de Minerva a cien mil pies, pero justo en este momento, propiciaban más enfado en ella. Más aún, cuando su silencio fue tomado como una victoria por Julia, quien se limitó a sonreír, sin moverse del sitio.

- Calladita, también me gustas

"Me provoca, pero no pienso ceder"

- La primera vez, que quise probar tus labios, fue en las Bahamas.

"No cedas, Minerva por tu padre, que no"

- Mirabas distraída unas postales. Me atrapó tú cara de niña, risueña e inquieta.

"Pura palabrería"

- Después un gesto tuyo, se llevó toda mi atención.

"Morder....No, por favor"

- Tus labios rozan la perfección

" Bebiendo de los tuyos, seguro"

- No puedes regalar ese gesto.

" Ya estamos mandando, joder"

- Lo quiero mío. Sólo para mi y sólo cuando yo, te lo exija.

"No vayas por ahí, que no"

- Y no hablo de sólo el gesto, Minerva. Lo quiero todo.

"Uno"

- Quiero el gesto y quiero tus labios.

"Dos"

- Y me los darás, Minerva. Serán míos.

" Tres y se acabo"

- Conseguiste cabrearme, Julia.

Dos pasos y una sola intención. Hacerle pagar su altanería y descaro.


Totalmente excitada y cabreada, Minerva dejó de pensar para avanzar hasta Julia y hacer lo que llevaba queriendo hacer, desde que Julia comenzara con sus provocaciones. Besarla.

Apenas tuvo que empinarse unos centímetros y la boca que sonreía esperándola era suya. No le importó lo más mínimo gemir, cuando sintió el impacto de sus labios. Gruesos y firmes, parecían retarla como su propia dueña. Dispuesta a saquear su boca, agarró su cara con ambas manos, hasta que abrió los ojos un segundo y ahí estaban. Los ojos de Julia sonreían satisfechos, la tenía donde quería.

Una lamida más, un roce más, un saborear más y dejaría de besarla. Pero en un segundo, las tornas cambiaban, ahora no era Julia la acorralada entre la puerta y su cuerpo, en un solo giro, era su espalda la que impactaba contra la pared en un excitante giro y era Julia, la que la aprisionaba contra ella.

Nuevo gemido por el fuerte impacto contra la pared y otro más, al sentir como sus manos son  retenidas por Julia contra la pared.

- Sush, quieta- exige Julia, colando su pierna derecha entre las dos de Minerva. Teniéndola completamente a su merced, Julia rompe el beso sin separarse un solo milímetro y sus grises ojos, observan muy despacio el aniñado rostro de Minerva- Eres como la pulpa de un delicioso fruto caribeño- perdida en su rostro, delinea los labios entreabiertos por la pasión de Minerva, quien calla haciendo un esfuerzo sobrehumano, por no morder y lamer el dedo que acaricia sus labios- Tienes la mezcla perfecta del fruto antes de madurar, fresco, dulce y con un toque de acidez.

Nuevo gemido de Minerva, a Julia no le basta con delinear sus labios temblorosos de deseo con un dedo, ahora lo hace con la lengua. Primero una lamida con solo la puntita, delineando ambos despacito. Después es con toda la anchura de lengua y acaba, absorbiendo cada uno de ellos.

- Dios

Gime Minerva y toda ella tiembla. Lo hacen sus labios sorbidos y bebidos por Julia, lo hace su sexo palpitando a velocidad vertiginosa y lo hace su cuerpo por entero, ansiando que las caricias de Julia, lo calmen.

Con el deseo enervándola, no aguanta más y sacando fuerzas a pesar del estado gelatinoso en el que se encuentra, consigue soltarse y provoca que ambas vuelvan a girar por esa pared.

La contradicción en el rostro de Julia, le da una mínima ventaja y ahora es ella, la que se come su boca, sin poder retenerse. Batalla de lenguas por saquearse una a la otra, pero Julia se rehace y un nuevo giro, provoca que Minerva gima al borde de la locura.

- Por favor, Julia- suplica, cuando su cuerpo vuelve a ser retenido y acorralado contra la pared.

- Te quiero quieta para mi- exige Julia, poseyendo de nuevo su boca y un nuevo gemido escapa de la garganta de Minerva, cuando a Julia no le basta con saquear su boca, sino que su mano se adentra por la camisa y aprieta fuerte el seno derecho de Minerva- Sush, no grites.

Imposible, satisfacer la nueva exigencia de Julia. El pecho de Minerva es apretado con fuerza y su pezón se endurece ofreciéndose gustoso. Cuando es encerrado y también apretado fuerte por las yemas de Julia, Minerva gime su nombre extasiada.

- Quieta y mojada, así te quiero Minerva. ¿Estas mojada?

- Si

- ¿Mucho?

- Si

- Ábrete para mí

- Dios, sí.

- Más, ábrete más.

La orden verbal dada por Julia, va acompañada de un sutil gesto con su pierna. Minerva ahora no solo está acorralada, se encuentra totalmente a merced de la mujer que la observa, esperando lo que obtiene en seguida. Minerva termina por morderse los labios, presa del deseo más bestial sentido hasta ahora. Abierta de piernas, con el pecho salvajemente castigado y temblando de puro deseo.

- Muerdetelos, mientras te poseo.

Nueva orden, nuevo gemido aceptando, y Minerva que siente, como sus pantalones y bragas, son bajadas con extrema experiencia. El contraste frío calor que siente al ser despojados de ellos no puede ser calmado apretando sus muslos, increíblemente rápido, los dedos de Julia se pasean por su mojadísimo sexo, cortándole la respiración.

Pero la falta de aire no tendrá una fácil solución, la mano de Julia ahora le aprieta la barbilla haciendo que ambas se miren y los dedos que se paseaban acariciando su sexo, lo abandonan para a dos milímetros de ella, ser lamidos por su propia dueña. Julia.

- Delicioso…sush quieta

- Dios

Gime Minerva, queriendo arañar la pared, que pronto no le servirá de sujeción. Julia baja hacia su sexo y su boca lo posee por completo. Su lengua se abre paso por entre sus hinchados y empapados labios, hasta que encuentra con su no menos hinchado clítoris. Dos, tres y cuatro círculos, y después, chupar, chupar, chupar.

El baño se llena de jadeos y Minerva teme caer. Toda ella tiembla y jadea a la vez. Ahora no solo es chupado, un ligero mordisco electrifica a Minerva por entero y dos dedos penetrándola, casi le hacen caer.

Le habían ordenado mordérselos, pero Minerva ahora no lo hace obedeciendo, lo hace presa del mayor de los placeres y lo hace, al contemplarse, completamente abierta para esa mujer.

Y Julia lame, sorbe, chupa y penetra llenándola, y Minerva que se mueve, jadea y goza, estallando en la boca de Julia.

Segundos, minutos o quien sabe, que Julia continua bebiéndola, pero el aire le falta, el cuerpo le falla y Minerva, mira el techo, buscando poder respirar apoyada en los hombros de la mujer que le ha hecho mirar directamente a los ojos de la locura.

Más segundos y Julia sube hasta ella. Glorioso destello de deseo feroz, puede leer en sus ojos Minerva. Pero solo duran milésimas. Las que tarda Julia en hablar.
- Arréglate, te llevaran a casa.



lunes, 22 de julio de 2013

Wilson S.L. 86


Llevaba todo el día sintiéndose mal. Cansada y nerviosa. Jaime, su inquieto bebé, hoy apenas se dejaba sentir. Dudo en asistir o no, al cumpleaños, pero ahora sentada en una cómoda butaca en un hermoso jardín, agradece haber asistido. En casa no habría hecho más que aumentar sus nervios pensando en el pesado cansancio que sentía.

Deseaba verla llegar, sabía que tenía una comida importante en busca de financiación, pero deseaba que no se alargara y pudiera como ella, disfrutar de un rato entre amigos.

Mucha palabra para describir los hombres y mujeres con los que festejaba los siete años de Consu. Pero si lo fueron, cuando Maca apenas era una niña. En verdad, pegaba más Valeria que ella misma en ese cumpleaños. Todos o casi todos, habían sido compañeros de Colegio de Valeria y Maca. Después, el tiempo y sobre todo Francisco Wilson, separaron a Maca de ese pequeño grupo.

- ¿Lo decidiste al fin?- pregunta Lorena sentándose junto a Anna y sonríe al verla por enésima vez, acariciarse la barriga.

An: Si, Maca apenas participó en el embarazo de Adriana y tampoco en la concepción de este. Es una forma, de que con Jaime participe más plenamente.

Lo: Te va a doler- arruga la nariz Lorena y ambas sonríen- en el agua no hay epidural.

An: Sarna con gusto no pica. Por lo menos, eso es lo que dicen.

Lo: Coincidí esta mañana con ella- hace una pausa Lorena y mira al frente recordando el momento. Desde el inicio de curso, fecha en que conoció a Anna, sintió la química típica que te hace confiar en alguien a quien apenas conoces y las charlas entre ambas con café de por medio, se hicieron incontables. Relación muy parecida a la que las hijas de ambas, Consu y Adri mantienen- Estaba comprando en la nueva confitería, ya sabes las colas que se forman por las cupcakes que preparan y de repente entró Maca. Yo ni cuenta me di, pero ya sabes como es este pueblo. Todos se callaron mirándola- nueva pausa que realiza para mirar a Anna y comprobar lo que imaginaba, sus ojos gritan rabia- cuchicheos de todo tipo

An: Y algún estúpido chiste sobre su dedo.

Lo: Fue muy desagradable, pero tú chica se porto como lo que es, una señora. Jajaja- ríe Lorena, los ojos de Anna se elevaron al cielo, ante el apelativo usado- ¿Prefieres tú niña?

An: Prefiero que me acabes de contar- nuevamente los ojos de Anna ruedan. Los apelativos cariñosos nunca fueron uno de sus sellos.

Lo: Nada, ella saludo educada, espero su turno, pago su palmera de chocolate y

An: ¿Palmera de chocolate?- pregunta Anna, completamente fuera de juego. Esperaba un café, a poder ser helado, no un dulce de críos.

Lo: Riquísima que estaba, la compartimos fuera con un café. ¿Te lo puedes creer? Invite a un café a Macarena Wilson. Fue wow

An: Por favor

Lo: Jajajja, ¿querías la palmerita para ti?

An: Jajaja No diría yo, la palmerita precisamente.

Lo: Tú palmerita llega. Ains, sólo le falta olvidarse de sus trajes tan serios.

An: No

Lo: ¿No?

An: A mi me encantan

Lo: Perra

An: No lo sabes bien. Le tengo unas ganas, es como una condena.

Lo: Pues u os dais prisa o en unas semanas más, no querrás ni que el aire te roce.

Ambas guardaron silencio, viendo como Adriana se lanzaba a por su madre y a esa distancia, sabían que la estaba bombardeando, contándole esto y aquello y ambas sonreían viendo a madre e hija, aunque lo hacían por diferentes motivos.

Lorena, porque siempre es bonito ver a madre e hija, abrazarse y reír, y Anna; porque a pesar de todo, a ambas las considera algo suyo. Un poquito de ternura, una pizca de orgullo por el amor que destilan y un pellizco, al reconocerse nerviosa por su presencia.

Aun tuvo que esperar unos minutos mas, para ser saludada. Los chicos del que fuese su grupo de amigos infantil, parecía dispuesto a aceptarla de nuevo y muchos años después.

Pronto acudieron a saludarla como si no fuese la antigua señora y si, la niña que se escapaba de su padre para jugar como cualquier niña, justo con ese grupo.

Sentada en esa butaca, Anna reconoce sin dudas por la expresión del cuerpo de Maca, su timidez ante la nueva situación. Ya no es la señora, ahora es solo, una de las madres de Adriana.

Y el orgullo se despierta en Anna, al presenciar en primera persona, como Maca vence la timidez y comienza a desarrollar su nuevo papel. Una simple madre, como el resto.

E Incontables son las veces, que las miradas de ambas se buscan esperando poder saludarse. Para Anna, es hora de incorporarse con esfuerzo, olvidar por un momento su malestar general y ser ella la que se acerque a Maca.

Para Maca, es hora de aguantar el pellizco que siente en su estomago, viéndola caminar hacia ella. Pasaran años, pasaran discusiones, rencores, heridas, amantes y solo una mujer, conseguirá esa pellizco. Anna, su puta diosa.

Hay mujeres que para bien o para mal, te marcan. Hay mujeres imposibles de no observar, admirar o desear y hay mujeres a las que puedes odiar y amar por igual. Solo el tiempo, tu propio recorrido personal unido al de ella, pueden hacer que un tiempo de paz, no sea solo una tregua sino la guerra vencida por ambas.

M: Anna

Y conseguir así, que el “quejio” que escapa de tu garganta y sale de lo mas profundo de ti, no duela y sueñe con hacerse eterno.