La
Mansión Wilson, estaba abierta de par en par. Muchos eran los que
acudían a velar al difunto y saludar a su heredera, Macarena Wilson.
Su
hermano Roberto aún no había llegado y el entierro sería a
primeras horas del día siguiente. Aún quedaba mucho día, para
seguir recibiendo condolencias.
Martha
había accedido acompañar a Estefanía, pero saberse cerca del viejo
zorro, por mucho que estuviese muerto, no era de su agrado en
absoluto.
Buscando
mantener la mente ocupada y lejos, muy lejos de los recuerdos de
Colombia, se decidió por observar a Anna.
Ésta
realizaba a la perfección las labores de esposa "de",
claramente educada para ello y denotando además, cierto gusto.
Después de todo, parecía que esto era lo que quería Anna. No tener
en su vida únicamente a la señora sino también a la mujer. Sin
grandes demostraciones afectivas, se las veía como nunca antes en
completa comunión. No podía incluirse la armonía a esa comunión,
demasiado el carácter que ambas tienen.
Anna
ahora hablaba con Joaquín Soler en una de las terrazas y Martha
busco quedarse cerca. Pobres imbéciles, Anna estaba usando toda su
artillería de mujer, seguro que haciéndolo partícipe de sus nuevos
planes; recuperar Wilson. Y el viejo Joaquín, babea dejándose
engatusar.
A
Anna, ese babeo ahora no le resulta repugnante. Es sólo un mínimo
detalle al lado del objetivo a conseguir. ¡Son tan fáciles y
patéticos!
La
conversación con el baboso Joaquín, le sirve para ponerse en
situación. Ninguna de las familias "madereras" esta a
gusto con los Montero.
Jo:
Sube los intereses cuando le da la gana, se salta todos los convenios
y en cuanto hay alguna queja, manda a sus matones. Y yo soy Joaquín
Soler, no ningún mierda que le deba dinero. Francisco y Macarena,
siempre trabajaron diferente. Ahora debo pedir una cantidad
importante de dinero y hasta estoy pensando en hacerlo en modo legal.
La caída de Wilson, no ha beneficiado a nadie.
An:
No está tan caído como parece. Pero si, necesita de cierta ayuda.
Jo:
Mm...en un mes, han interceptado la madera tres veces, puede que la
ayuda de la que hablas este en los rusos.
An:
Ay...veremos. No se como lo haces, Joaquin. Sólo quería saludarte y
mira al final donde acabamos.
Jo:
Siempre envidie a Francisco por tenerte en sus filas. Si quieres,
podríamos seguir charlando con un buen ribera del Duero.
An:
Uhm...prefiero mi propia cosecha.
Jo:
Como y cuando tú quieras.
An:
¿Y que hacemos con la señora?
El
coqueteo descarado de Anna, aún evadiendo una respuesta, hizo
suspirar a Martha. Aunque Anna no lo reconociera, estaba necesitando
de una ayudita y ella se presto a ofrecérsela.
Mr:
Anna, necesito me acompañes.
Su
interrupción no fue del agrado de Joaquín Soler, algo obvio, pero
si de Anna. Sería el cansancio, el reposo no guardado o el temor a
que Maca malinterpretara sus intenciones, pero la verdad es que no
daba para más. Y lo próximo, habría sido cortar al baboso sin
contemplaciones, tirando por los suelos, sus avances.
An:
Si, Joaquín ya hablamos.
Jo:
Cuando quieras
Beso
en la mano y ambas que se marchan, camino al salón.
An:
Necesito hablar con los rusos, aunque creo que podría tratar
directamente con el padre de Montero.
Mr:
Eso, mejor se lo dejas a Maca. Ella los conoce de siempre.
An:
Se perfectamente a quien conoce o no, mi mujer.
Mr:
Pelín insoportable eres a veces.
An:
Por favor, mira quien habla.
Fa:
Señora, el señor está sólo.
Faustino
llegando hasta ellas y avisando que el difunto se encontraba sólo,
puso final a su casi discusión.
Minutos
más tarde, Anna entra en la habitación, donde está expuesto
Francisco Wilson. La momentánea soledad, le hace sonreír levemente,
al verlo por fin, sin vida. Pero Anna pronto recuerda, el motivo de
entrar a esa habitación.
An:
Quítale el sello.
Fa:
¿Que? ¿El..el sello?
An:
Eso he dicho. Quítaselo y si no puedes, le cortas el dedo.
Con
la orden dada, no se preocupa por cómo Faus, finalmente le retirará
el sello Wilson. Anna se limita a caminar lento, altanera y orgullosa
hacia el cabezal de la cama. Ya en él, se agacha lo suficiente, para
susurrar en el oído del difunto.
An:
Tienes que estar retorciéndote en el mismo infierno. Espero que nunca
encuentres la calma que has dejado. Ah...el sello me lo llevo, no es
a ti a quien pertenece.
El
sello es retirado por Faus, quien ni siquiera intenta escuchar lo que
Anna habla al difunto. Se limita a obedecer y cuando con esfuerzo
retira el sello, lo entrega a Anna, quien se queda contemplándolo en
la palma de su mano.
M:
¿Qué hacéis?
Hasta
que la voz de Maca, provoca que ambos la miren. La señora esta en la
puerta y no, con muy buena cara. Sus ojos muestran enfado y su voz
más.
Fa:
Yo ya me iba.
Faus
se escabulle en seguida, la cara de Maca no es de buenos amigos y
cuando su jefa está así, mejor marcharse.
M:
He hecho una pregunta, Anna.
An:
Que yo responderé si quiero y me da la gana.
M:
No empieces a cabrearme. Llevas todo el día hablando con gente que
detestas y ahora estas aquí, ¿que cojones estas haciendo?
An:
Una tontería, fíjate. Intentar recuperar lo que es tuyo, imbécil.
El
sello Wilson es dejado no de muy buenas formas en el vientre de Maca
y por puta física acaba cayendo al suelo en el momento en que Anna
cierra la puerta de un portazo.
M:
¡Joder!. ¡Anna! Anna espera.