Lo había hecho, había sido mala, por fin. Ya estaba bien de ser la niña buena de Papá, la que nunca había desobedecido, la sufridora de amores no correspondidos, la simple limpiadora y todo lo que había sido hasta ahora. Se acabó, ya estaba bien. Ahora si que si, tiró el cepillo al suelo, se desabotonó la bata y se giró para encaminarse paso a paso, hacia el baño. Pasa que en esos momentos, salió Alba sin nada que cubriera su desnudez deliciosamente salpiqueada por gotas de agua.