El
coche patrulla volaba por las calles de Madrid, un nuevo aviso al que
acudir y un nuevo novato al que instruir.
Bajo
el ruido incesante de las sirenas y luces de emergencia, la
Inspectora conducía el coche sin dejar de prestar atención al
Agente, que sentado a su lado, se apretaba las manos nervioso y en
tensión.
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