“No
sufras, a mi me alborota igual”, fue uno de los tantos pensamientos
de Lucía tras la llegada de Susana. Nela se volcó en saludarla,
como ella deseaba hacer, aunque en teoría la seriedad con la que la
piloto había llegado, no invitase a ello. Pero si, la alborotaba al
extremo de no poder prestar atención al simpático vecino con el que
compartieron ascensor.
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Coño, si se queda esta noche, subiros si podéis a cenar y os
preparo unos pinchos vascos de quitar el sentío. A mi mujer le
encanta y ya sabes tu Susana, lo que es mi Mari para los fogones-
poco o nada a lo que el buen hombre hablaba y les proponía.