martes, 9 de septiembre de 2014

112- Emergencias 56


- Dime que no llevas toda la noche, deseando esto- girada entre sus brazos, las palabras de Karla, la prendieron enseguida. Más allá de lo que decía, fue el como lo dijo. Con el deseo del que hablaba presidiendo su mirada y sus labios, con los que siguió prendiéndola como mecha de pólvora, a pesar de sus reticencias. Sentirlos rodando por su cuello, le hicieron agarrarse a sus brazos, antes de gemir su nombre, cuando su mano llegó directa a su sexo- Me encantó tocarte, fue una puta locura.

- Karla- volvió a gemir apretando con fuerza las manos en ella, tratando de contener las inmensas ganas de dejarla hacer cuanto quisiera con ella- Espera...Karla que tu no, que yo...que- continuó tratando de detenerla pero con una increíble maestría los dedos de Karla atravesaron su ropa llegando directos al centro de sus ganas- Ahm dios..madre mía

- Joder si.. Me fascina tu coño

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- Quise pararla, dijera ella lo que dijera en la mesa, os juro que intenté detenerla, pero me tocaba de unas formas y me decía cada cochinada, que así era muy difícil- regresando al presente, Laura trató de defenderse de las acusaciones de Karla sobre ella, que aún escocían y como. Camino de de regreso a Pedraza, su defensa no pareció ser escuchada por Nacho, ni tampoco por Marina y así, a Laura le resultó imposible, no cerrar los ojos y verse allí, de nuevo aprisionada por las ansias de Karla, cara a la puerta- Me giró, tan fuerte y tan guarro, que temblé entre asustada y cachonda como una perra- relató sorprendiendo ahora si, a Nacho y Marina que se miraron entre sí, con la boca abierta, sin que Laura los viese, sumergida de lleno en su noche con Karla- Ja...ríete de las crías, soy yo la que tiene treinta y poquísimos años, la que se supone tengo más experiencia y la que como ella dijo; jugaba...pues ni tanto, porque fue ella quien me bajó los pantalones con tanta desesperación que me hizo besar la puerta volviéndome loca. Vamos, en la vida pensé yo que una tía, o más bien una niñata que va por ahí perdonando la vida, me iba a hacer sentir tan puta, como me hizo sentir.

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- Karla...Ahm, estamos en la calle- le pidió prácticamente aplastada entre ella y la puerta, maldiciendo a su garganta por gemir a cada avance de Karla por su cuerpo y hasta a sus caderas, empeñadas en acompasar las manos de Karla, poseyendo su sexo desde adelante y atrás.

- No...estas tan empapada, que no puedo detenerme. ¿No es lo que querías? Pues aquí lo tienes.

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- Como muñeca de trapo, igual me manejó. No quedaba rastro de mi peque, por más que la miré intentando encontrarla, no la hallé y ella se aprovechó de mi desconsuelo-continuó entre ensoñaciones Laura, a las que Marina dejaba de prestar atención en el justo momento en que veía a Inés en línea del whatsapp, y a las que  Nacho intentaba evadirse, sin conseguirlo. No podía hacerlo, si Laura proseguía- Sin saber como me vi desnuda sentada en ella y...y, joder me seguía hablando super sucio...y yo así me pongo...me pongo mucho.

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- Pegate, pegate a mi...Laura- su petición entre jadeos enloquecidos, fue cumplida casi inconscientemente e incluso no tenía que haberla hecho, porque cuando cayó en sus piernas, fue lo que hizo Laura, pegarse a ella como si fuesen dos imanes y la conciencia apareció fugazmente, al sentir la mano de Karla, colándose por sus nalgas. Pero Karla la espantó de golpe- Quiero follarte entera..entera, Laura.

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- No me besó- confesó Laura, encogiéndose en el asiento trasero del coche, dejando la vista pérdida- solo me mordía y lamía, pero no me besó.

- Ya, Laura..ya está bien- la cortó Marina dejando el móvil caer al suelo del coche. No tenía caso, había estado esperando a Inés, cualquier cosa de ella, aunque fuese un simple emoticono, pero nada, no había recibido más que el dolor de saberla en línea, sin estarlo para ella. Pero no por eso cortó a Laura, lo hizo porque como amiga no soportó la imagen de ésta acurrucada en el asiento trasero llorando sin ser consciente. Claro que, también a su lado estaba Nacho sufriendo el relato de Laura, con él fue tan fácil como ponerle una coca cola bien fría en la entrepierna- Jajaja- tuvo que reír, Laura se había incorporado con el cabello despeinado y el maquillaje corrido; Nacho sonreía sudando mientras  trataba de bajar sus ánimos y si ella se miraba en el pequeño espejo de la visera del coche, no estaba mucho mejor que sus amigos- Creerme si os digo, que ahora mismo damos pena.

- Ayyy yo sufro fuerte por mi peque, no lo puedo remediar- corrió a seguir con sus lamentos Laura, sorprendiendo a Nacho.

- No..ejem, no parecías estar sufriendo al principio- musitó Nacho no muy conforme con Laura y paso a tragar saliva por como ésta lo miraba.

- Ya estamos...tengo una noche épica, después me llevo una tanda de hostias sin verlas venir y ahora no podre ponerme calentita recordando lo primero, mientras lloro por lo segundo- se explicó aún afligida buscando Laura, sin olvidar disgustarse a la vez- ¿Me entenderéis algún día?

Podrían intentarlo, pero el móvil de Marina sonó en esos instantes y a ésta le faltaron manos para correr a cogerlo, esperando y deseando que fuese Inés, pero no, en verdad era su madre, mandándole un mensaje: Cariño, estoy llegando a casa, si quieres mejor nos vemos ahí, que en el Centro Médico.

- Es mi madre- les comentó a los chicos tras leerlo, mientras contestaba a su madre: Mejor en casa, si. Tras hacerlo, sus amigos esperaban que dijese algo más- Ya está llegando, así que.. si no os importa, me dejáis en su casa.

- A mi también, Nacho- no tardó en apuntarse Laura. Lucía seguro que la entendería, más que su madre, sin dudarlo. Pero Nacho, de nuevo no estuvo de acuerdo con ella y con señales calladas se lo hizo ver- No, quiero decir que me lleves a la mía, mi casa- continuó explicándole calculando el tiempo que a Marina le llevaría contarle su nueva situación a Lucía. Seguro, el tiempo suficiente para ella llegar a casa, ducharse, maquillarse y volver a casa de Lucía. Tanto pensar en Lucía, acabó por entrarle curiosidad- ¿Donde estaba Lucía?

- Salió anoche- le contestó Marina absolutamente desganada. Desgana que no siquiera pasó, cuando los chicos atravesando la calle donde se situaba la casa de su madre la alertaron de una moto saliendo justo de ahí- Que se yo...algún amigo- les dijo deseando salir del coche para verse reflejada en los otros ojos, donde únicamente encontraría algo de consuelo, los de su madre. Tras despedirse de sus amigos, prometiendo mantenerlos al tanto de todo, por fin entró en la que siempre fue su casa, encontrando a su madre en el recibidor quitándose los zapatos y a pesar de su desánimo y de cierto temor a como su madre podía tomarse la noticia de su embarazo, se quedó parada contemplándola, antes de decirle- Te ves genial.

- Lo estoy- le contestó Lucía realizándole un rápido estudio visual, propio de toda madre- pero cariño, ya quisiera yo, poder decir lo mismo de ti- prosiguió acercándose hasta su hija, y el gesto normal en Marina, cuando estaba absolutamente desbordada de medio abrir la boca, confirmó sus sospechas desde que recibiera el mensaje de su hija, llegando a Pedraza anticipadamente.

- He metido la pata hasta el fondo- se fue a lo más importante Marina mientras Lucía se pinzaba el labio sin apremiarla.

- Uhm...ya veo- le contestó, dejándole los tiempos a ella y terror, Marina volvía a desencajar su mandíbula costándole que las palabras saliesen cómo quería.

- En mi primer lugar conmigo misma- siguió Marina, pese al esfuerzo que le suponía. La mujer que le acariciaba el rostro, había pasado por lo mismo que ella con sólo veinte años, la misma que la miraba con toda la calidez del mundo. Difícil así, contarle que ella repetía su mismo error, con una enorme diferencia. Lucía cómo no, entendió su apuro, y conociéndola, optó por la forma más práctica entre ambas.

- Hacemos esto, cariño...necesito ducharme, llevo con esta ropa desde ayer, tu preparas dos cafés y hablamos mientras me visto para ir al Centro- planeó dejándole un beso y una vez más, dentro de todo su embrollo personal, Marina tuvo que sonreír. Ni hecha ha pedido, su madre hubiese resultado mejor.

Más tranquila por el recibimiento de su madre, prácticamente autómata caminó hasta la cocina. Con su madre no necesitaba pensar las palabras a decirle o buscar excusas que de nada servirían, lo mejor y más rápido, era decirle la verdad tal cual. Así, preparar el café, le supuso poder entretenerse mientras su madre se duchaba, pero fue abrir el armario en busca de las cápsulas de café y un simple paquete de pastas, la devolvió a un supermercado de Suances, estando de compras con Inés.

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Con tantos planes por hacer, al llegar al supermercado se habían organizado, apenas decían comprar algún picoteo para entre horas, ella eligió la parte de chucherías varias, mientras Inés se había quedado con el encargo de los desayunos. Las risas al cruzarse por los pasillos y la coquetería entre ambas, fue de lo más divertida, hasta que Inés se paró junto a ella, con su cesta llena.

- Ehm...Cielo, son tres días para desayunar- le había dicho al ver la cesta a rebosar de leche y galletas varias.

- Jijiji si, por eso me bastó la cesta sino hubiese cogido un carro- le explico Inés de lo más natural- Ah calla- tuvo que correr a explicarse, al ver a Marina ir sacando cada caja de galletas- Son cuatro porque si las juntas siendo diferentes, al mojarlas resulta un sabor de único. Es bien- le contó igualmente natural. Cualquiera debería saber ese tipo de cosas, juntar cuatro galletas de la misma clase, no tiene ninguna gracia, juntas cuatro de distinto sabor, mola. De los efectos secundarios tipo ardor de estomago, Inés no dijo nada. Pero Marina, la estaba mirando entre alucinada y te quiero comer toda, e Inés, tuvo que improvisar- ¿Sabes que me paso al verte aquí en el pasillo? Pensé...Wau está cañón y luego me tuve que decir...ay calla, si es mi chica- concluyó toda chulita y así, se lo puso en bandeja.

- Jajaja, ah pues no- dispuesta a jugar con su timidez, Marina aprovecho el envite- volvamos a ese punto en el que pensaste, Wau..está cañón y- hizo una pausa creando un hilo de seducción que a Inés, le hizo tragar saliva previniéndose- entrame.

- Jolines- tardó cero en contestar sin caer que sonrojándose como bombilla de Club de carretera, no hacía más, que alimentar las ganas de jugar en Marina- otra vez con eso, no. Por favor- insistió pero nada, Marina la miraba en completa seriedad. Esa que la mecía entre la timidez y el deseo.

- Venga va, cariño...- volvió a pedirle Marina, disfrutando de cada una de las reacciones que podía provocar en ella- entrame que vea tus artes seduciendo- pestañeo para cucarle el ojo de una forma muy sugerente, pero ni por esas, la Inés más cabezota no cedía.

- Que no, que es al revés, a mi me entran, de siempre además- quiso escabullirse a lo gallo de corral y Marina continuó sería pero variando del tonteo a la mala leche.

- Le acabas de quitar toda la gracia- se molestó nada más escucharla a pesar de saber que estaban en un juego e Inés, corrió a besarla, comenzando a entender sus cambios.

- Jijiji...que estábamos jugando no vayas a enfadarte- tonteo con ella y nada, no le quedo de otra que aceptar el juego- Vale..está bien, quedate aquí que voy a entrarte- le dijo preparándose para una entrada en toda regla.

- Aquí estoy, va- la apremio Marina pellizcándose el labio. Era una pasada, ver el cúmulo de nervios con el que se ajustaba la ropa.

- Sin presiones- alzó las manos Inés, pidiendo tiempo, pero el juego ya había empezado.

- ¿Perdone?-fingió no conocerla de nada Marina e Inés, se sonrojo aún más sin saber que hacer con sus manos, ¿usarlas para apoyarse en la estantería?..mal, tiró uno de los productos, ¿intentar cogerlo al vuelo? Mal, terminó tirando dos más, ¿guardarlas en sus bolsillos?..bien, nadie herido, podía seguir ligando tras una entrada triunfal, a la mujer de infarto que la miraba esperando.

- Jijiji ains...- su risita de conejillo sonrojado todo feliz, debía bastar para conseguir un número de teléfono, pero...

- No he escuchado bien lo que me ha dicho- insistió Marina, adorando al conejillo tímido que asoma por la madriguera risueño.

- No pues que...pues, pues...¿que hace una chica como tú en un sitio como este?- improvisó cómo pudo la pobre y Marina no pudo aguantar más la risa.

- ¿Comprar?, Jajaja habrá que seguir probando, cariño.

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- Fantástico- musitó llorando e iban unas cuantas veces. A saber, lo que  podría estar pensando Inés o peor, como podría estar pasándolo. En un impulso, incluso buscó su móvil, pero se detuvo en última instancia. Debía dejar de actuar justamente a impulsos, establecer prioridades y después, solo después buscarla. Lo primero a hacer, era subir a la habitación de su madre con sendos cafés y soltarlo tal cual, viendo como ésta se hidrataba tranquila, hasta que le escuchaba decir que estaba embarazada, continuando con: Pertenezco al 0.01 por ciento que aparece impreso en las cajetillas de las anticonceptivos como posibilidad de embarazo, una tarada más de ese tanto por ciento. Los últimos meses para mi han sido tan arrolladores, en todos los sentidos que me desordené tomándolas. Mi nuevo puesto en el 112, el congreso del partido, Manu, Xavier e Inés...mi propio triángulo que como premio, me dejó un grano creciéndome en la barriga.

- Abre el primer cajón de la mesita- tras un prorrogado silencio, Lucía habló y esperó que su hija abriese el cajón. Nada más hacerlo, pudo comprobar cómo su hija entendía lo que quería mostrarle, sus propias anticonceptivos acompañados de un paquete de preservativos, estaban en ese cajón- Juntos, porque es así como deben usarse, me parece mentira Marina. Y ya no es por mi, es que eres médico, ¿en que demonios estabas pensando?- aunque quiso controlarse, finalmente se desesperó, regresando a Marina a su adolescencia, igualito se quedó descuajada en la cama de su madre.

- Te lo he dicho- musitó dolida por la decepción que podía ver en su madre sabiendo que no se quedaría ahí.

- ¿Que me has dicho? ¿Que eres lo suficientemente inmadura con más de treinta años como para tener relaciones sexuales de riesgo? Porque de todo lo que me has dicho, es con lo que me quedo- sentenció Lucía de cara a ella, pero cuando Marina se abrió a ella contándole entre lágrimas sus últimos meses, sus subidas y bajadas, la intensidad con la que Inés había llegado a su vida más Xavier usado como intento desesperado de huida, tuvo que aflojar sin dejar de centrarse en lo más importante para ella- Cariño...Inés es un amor, no me cabe la más mínima duda, pero ahora mismo me importa cero, quien me importa eres tú y el dichoso grano, según lo llamas tú. Dejame que llame a Fran y vamos a su consulta en cuanto nos haga un hueco.

- ¿Fran?- se extrañó Marina, gustándole muy poco que fuera uno de los amigos de su madre quien llevase su embarazo- Prefiero mi ginecólogo de siempre, que a uno de tus amigos- concluyó ganándose la mirada dura de su madre. Genial, se acababa de pasar y así, volvía a darle un nuevo motivo a su madre, para ponerla en su sitio.

- Pues yo prefiero el mejor para que te lleve y ahora no te pongas estupenda conmigo. De confirmarse abro comillas, tu grano, puse y cierro comillas, ¿que has pensado hacer?- le preguntó Lucía, en un tira y afloja que ambas manejaban cómo nadie, haciendo bueno eso de.. De tal palo, tal astilla.

Finalmente Marina aceptó al siempre simpático y amable, Fran como el ginecólogo al que acudir y durante el trayecto y espera en la consulta, debió soportar todos los esfuerzos que había hecho su madre para sacarla adelante ella sola, incidiendo en los inconvenientes que ahora tendría en su carrera política, sin olvidarse de la personal, pero al final, sentadas juntas, sus manos se buscaron apoyándose la una en la otra.

- En ningún momento estoy dudando de que no seas capaz de criar un hijo, se de sobra que serás una excelente madre, pero desearía que no hubiese ocurrido así, nada más cielo.

Con el apoyo de su madre contó Marina, como en ningún momento había dudado, mientras Laura sin poder contar con la misma Lucía, también busco a su madre como apoyo y consuelo.

- Mami...mírame un momento- le pidió con el bolso colgando de lo más coqueto de su brazo, en vestido y pamela de lo más cool, gesticulando en exceso a lo Hepburn- Esta que tu ves aquí, es lesbiana...Snif, soy homosexual Mami..Snif..está confirmado- confesó según ella su sexualidad, olvidando el pequeño detalle, de que lo estaba haciendo delante de los 25 alumnos de su madre.

- Jijiji ¿que ha dicho?- le preguntó un renacuajo al otro, mientras la mujer con pamela lloraba y su profe, se quedaba rígida dejando caer la tiza con la que escribía en la pizarra.

- Que es valeriana- le contestó otro renacuajo encogiéndose de  hombros.

- No, dijo lesbiana- corrigió el primero con el gusanillo de la curiosidad instalándose en su pequeño cuerpo.

- Es lo mismo que liviana, lo dice mi abuela de las vecinas del quinto- salto una tercera de lo más enteradilla.

- Profe....no sabemos que es lesbiana- finalmente el primero tuvo que preguntar a su profe, la misma que continuaba totalmente estática mirando a su hija.

- Ayyyy...Snif, yo os lo explico  pequeños diablitos- locaza como ella sola, Laura cogió la tiza dejaba caer por su madre dispuesta a explicarles lo que hiciera falta- ¿Sabéis lo que son los besitos?

- Jiji...si, si...si sabemos lo que son, dan dolor de cabesa.. A mi madre, le pasa. Mi Papi la besa y ella siempre dice...hoy no Juan, que me duele la cabesa.
 
 
 
 






3 comentarios:

  1. Lo de Laura es para analizarlo, jajajaja pero me encanta esa naturalidad.

    Marina e Inés tiempo, les hace falta tiempo, pero no mucho.

    Gracias

    A.

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  2. Al final parece que si hay embarazo y en este caso, a quien compadezco es a la pobre Marina. Menudo palo, más allá de Inés. La historia continua genial Gemo y el giro de vértigo a mi personalmente me ha encantado.

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  3. Espero que ambas puedan hablar de una vez por todas como personas adultas. En esa relación falla la comunicación y es necesario que lo solventen. Debe ser duro para ambas afrontar algo así. A Marina por utilizar el sexo para no afrontar lo que realmente le pasaba (cosa que a día de hoy no logro entender), y a Inés por ni siquiera escuchar una explicación. Debe reconocer por mucho que le duela que La doctora tiene un pasado antes de estar con ella...
    En fin, comportamientos, por ambas partes inmaduros.
    Ahora falta que Susana tenga una conversación con Inés sobre lo sucedido y Marina comience a actuar cómo persona razonable y con edad suficiente para hacerlo.
    Laura y Karla...menuda pareja más explosiva. Todo en ellas se ha reducido al sexo, al que por otra parte, la primera le da mucha importancia. Falta saber si más allá de eso son capaces de, como nuestra pareja anterior, hablar lo que les está su viendo. Eso si el simple hecho de acostarse juntas se lo permite a ambas.
    Lucía y Susana. La pareja más extravagante y a la vez parece que más "centrada". Supongo que la edad es para ellas un grado. Veremos a ver cómo evolucionan.
    Muchas gracias por el trozo Gemo.
    L.a.c.e.r

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