martes, 13 de mayo de 2014

Un adiós, improvisado (8)


Aire, que llenase sus pulmones y oxigenase su sangre, lo necesitaba a raudales Alma y cerró la puerta de la habitación, esperando que tras ella, le esperase una gran bocanada que pudiese calmarla. Salio con tanta necesidad de esa habitación, que olvido vestirse con propiedad. Por suerte era media noche y el pasillo estaba en completa soledad. Descalza y sin ropa interior, menuda imagen para una escolta. Reprobándose se olvido de respirar, dentro o fuera, con o sin ella, el aire continuaba faltandole.

Demasiadas horas de tensión y demasiado el poder de Amanda sobre ella. Fuera como fuese, no podía presentarse con esas fechas en el Hall del Hotel. Pensando en ir a su habitación y cambiarse busco la llave en los bolsillos de su pantalón- Mierda- protestó al ser consciente de que todo lo llevaba en la americana. Tarjetas de ambas habitaciones, móvil y tabaco- Joder- siguió quejándose mientras continuaba pensando en una salida. Tampoco sería tan raro ver a una tía a medio vestir bajar a recepción pidiendo otra tarjeta. Así mismo ocurrió, cuando por primera vez, vio a Amanda prácticamente desnuda.

Dejándose caer al suelo, recordó aquella noche. No llevaría una semana trabajando para ella y solo la primera noche, habían dormido en casa de ésta. De ciudad en ciudad, de hotel en hotel. Eran pasadas las doce de la noche, cuando su compañero la relevo en planta y ella bajo a recepción. Una noche tranquila, sin apenas movimiento en el Hotel. Había dejado a su protegida, disfrutando de una sauna en compañía de varios de los asistentes a la cena-acuerdo, que se había celebrado esa noche y las siguientes dos horas, se limitó a dar pequeños paseos por recepción y por los exteriores del hotel, entre breves conversaciones con el personal de éste. En uno de esos paseos, cuando regresaba al interior del Hotel, la voz nerviosa de su compañero de planta le alertó.

- Joder.. No queda nadie en la sauna y no está en su habitación. La he perdido, revisa la planta, yo sigo buscándola por aquí.

No tuvo que buscarla mucho, simplemente camino hasta los ascensores entre murmuraciones en contra de la protegida. Esquiva, autoritaria, por momentos descortés y poco colaboradora con ellos. Era el resumen que hasta entonces podía hacer de su trato con Amanda, al que había que sumar, peligrosamente sensual. Lo eran sus formas, sus gustos, su forma de expresarse, su manera de mirar y exigir, toda ella en verdad lo era. Y le quedo absolutamente claro, cuando las puertas de un ascensor se abrieron y Amanda apareció tras ellas envuelta en una pequeñísima toalla.

- Menos mal que la encuentro, el estúpido de su compañero no está donde debía estar y mire cómo he tenido que bajar en busca de una llave- engeniada como estaba, Amanda abrió los brazos queriendo evidenciar sus palabras y la mínima toalla cayó al suelo, dejándola completamente desnuda delante de su escolta.

Verla desnuda y enfadada en aquel ascensor, le supuso el primer golpe brutal de deseo por esa piel bordada en canela.

Mentía, la primera fue justo en la primera guardia en su casa. Amanda y sus excentricidades. Ninguno de sus compañeros le advirtió de lo poco que esa mujer dormía y de lo mucho, que le gustaba disfrutar de su insomnio nadando en su piscina. En teoría estaba descansado y otra compañera cubría la noche. Pero ruidos en el jardín la alertaron y tras unos momentos, decidió salir a inspeccionar que ocurría. Y lo que ocurría esa que Amanda disfrutaba la noche, tumbada en una hamaca como si en verdad estuviese tomando el sol. Boca abajo y desnuda, por mucho que se llamó al orden y a su profesionalidad, no pudo evitar contemplar su maravilloso cuerpo desnudo tumbado.

- Siento haberla despertado, pero aquí todo esta tranquilo, puede volver a dormir.

- Agh- protestó recordando aquello. Siempre con su manía de tener la última palabra y siempre sorprendiéndola con la boca abierta, claramente prendada de ella- Es un tanto especial- murmuró recordando las palabras del Jefe de Servicio el día que comenzó a prestarle sus servicios.

Ya de por sí, era un servicio especial a prestar. Persona a proteger, vicepresidenta de una compañía global de medios y servicios online. Fácil en una primera lectura, a lo que había que sumar en una segunda,  colaboradora del centro nacional de inteligencia española. No había que ser un lumbreras para sumar. Los desafíos cibernauticos entre países, las guerras frías presentes y tan actuales. A eso se dedicaba la que iba a ser su protegida. De ahí la necesidad de seguridad más allá de su consabido poder económico.

Bastaban esos datos, para hacerse un pequeño esquema sobre ella sin conocerla. Había que suponerla muy inteligente, tanto como para ser vicepresidenta de una multinacional sin que los socios de esta sospechasen de los servicios que a la vez, prestaba a España y a la propia Unión Europea. Siendo mujer, el camino que habría recorrido hasta llegar a esa posición no debía haber sido fácil, había que dibujarla entonces con carácter y raza. En ese primer esquema, y en cuanto le fue presentada había que confirmar el carácter y la mala leche.

- Si quiere indicarle lo que espera de su servicio o cualquier otra cosa- propuso el Jefe se Servicio tras su presentación en el despacho de Amanda y ésta se limitó a mirarla sin un atisbo de simpatía, para después rematar, al que hoy sabía, es su estilo.

- Que cumpla con su trabajo y sobre todo, que no estorbe. Con eso me basta.

Ni una palabra más le dijo entonces, regreso a su trabajo ignorando al jefe de servicio y a ella misma.

- Jajaja cabrona- el recuerdo de aquel día le hizo reír al tiempo que la puerta en la que estaba apoyada era abierta por la propia Amanda. Quien se sorprendió al encontrársela ahí sentada.

- ¿Que haces aquí?- pregunto sorprendida como estaba y miro a ambos lados del pasillo, mientras Alma la miraba desde abajo aun con sus recuerdos presentes.

- Estorbarte- contestó queriendo ver sus ojos y Amanda sonrió. Desarmandola un poquito más. Estaba claro, que Amanda había entendido la alusión a aquel día y sonreía.

- Prefiero que me estorbes dentro- le dijo tirando del cuello de su camisa y Alma se dejó guiar deslizándose por el suelo. Dentro de la habitación y tumbada en el suelo, dio una patada a la puerta cerrándola y prosiguió mirando su hermosa sonrisa- ¿Que?

- ¿Es eso? ¿Te estorbo?
 
 
 
 

1 comentario:

  1. .....DESEO...MÁS Y MÁS DESEO POR ESA ''''PIEL BORDADA EN CANELA'''..Y LA DUEÑA DE ESA PIEL...LOCA....MUY LOCA POR ELLA...POR QUIEN QUIERE '''ESTORBARLA'''' PERMANECIENDO EN SU VIDA..Y QUERIENDO QUE NUNCA LE DIGA ADIOS...
    ME ENCANTA ¡¡¡ ....MUCHO ESCRITORA...Y ERES TÚ....QUIEN BORDAS LAS PALABRAS COMO NADIE...
    GRACIAS......POR...¡¡TANTO¡¡¡

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