domingo, 25 de mayo de 2014

Un adiós, improvisado 13


Conseguir pescar lo que fuese en ese Lago, para Alma se había convertido en casi una obsesión. Imposible hacerlo, cuando no fallaba el anzuelo, se rompía la caña, y cuando ésta aguantaba, los peces no aparecían.

- Y que haya gente, que diga que este deporte relaja, y una...para ellos, joder- se quejo como llevaba días haciéndolo y se dejo caer, en la pequeña silla, donde sufría, la en teoría relajante espera.

Sin ánimos de que ese anochecer, pescase aunque fuese una zapatilla, cerró los ojos. Si Amanda la viese, frente a un lago y una caña de pescar, de seguro se echaría a reír- Dios- su recuerdo, su mas que probable risa, la hicieron abrir los ojos, rehuyendo de esa añorada imagen. Pero dicen, que el recuerdo permanece en nosotros, tanto como la dueña de ese recuerdo. Daba igual cerrar los ojos o mantenerlos abiertos, cualquier mínima cosa, le traía a Amanda de regreso.

- Puestas a no relajarnos- se dijo. Esta ocasión no fue menos, Amanda y el agua.

Ahora si, cerro los ojos dispuesta a recordarla. Apenas llevaba unas noches durmiendo en la casa de servicio de Amanda, y ya esperaba la hora en que ésta solía salir a dar unas brazadas en su piscina. Maniática, al punto de repetir cada noche, sus mismos pasos. Frente al largo de la piscina, dejaba la bata caer y sin esperar mas, se lanzaba de cabeza para nadar por veinte largos seguidos. Ni uno mas, ni uno menos. Después salía del agua sin darle importancia a su espectacular imagen. Bañada en agua y en la misma luna, su cuerpo tonificado salpiqueado de atrevidas gotas de agua, brillaba en su propia belleza. Unos pasos hasta la hamaca y en ella se tumbaba, mirando el estrellado cielo. Cuantas veces, llego a peguntarse en que pensaría cuando se quedaba así, en completo silencio y soledad.

Aunque, la soledad dejo de ser tal, cuando ella comenzó a acompañarla cada noche. No, ella no era para nada maniática y cada noche acudía de distinta forma. Unas deseando arrancarle unos minutos de su apretado tiempo, otras odiando ese mismo deseo y otras totalmente vencida por él. Donde siempre acababa, era sentada bajo un decorativo olivo, que aguantaba su espalda y sus cada vez mayores ganas de Amanda.

- Respetas el silencio cuando estas de servicio, pero lo rehuyes cuando no estas trabajando.

Siempre maniática y siempre directa. Aquella afirmación de Amanda en aquella noche, fue un golpe directo, que acuso como pudo.

- Dicen que el silencio ensordece, no me lo puedo permitir- le había dicho, sin ser consciente que así, dejaba la puerta abierta a una Amanda, que tenia por costumbre, adentrarse hasta bien dentro.

- Ensordece, cuando le temes.

Puerta abierta y como era de esperar, Amanda paso a mirarla directa desde su hamaca. Esa afirmación la empequeñeció ante ella, pero se repuso pronto. La admiración por Amanda, comenzaba a imponerse, las ansias por sentirla confiada como se mostraba ganaban la partida.

- Y solo debe temerse, cuando eres consciente que en aquel momento de aquella ocasión, viste mas salidas sin que te esforzaras por tomarlas.

Las palabras dichas por Amanda en ese momento, ahora le hacían abrir los ojos desanimada. Según esas mismas palabras, ¿Amanda después de su ruptura continuaría sin temer al silencio?

- No se tu, pero por tu culpa yo lo temo mas que antes- dijo para si, cubriéndose el rostro con ambas manos- Amanda...Amanda...Amanda- repitió sumergida en su propia penitencia, pero el ruido de una furgoneta atravesando el pequeño camino hasta su casa, le hizo alertarse y después, una vez la identifico, sonreír. Llegaban sus víveres sin poder salir de Amanda- Jajaja, si supieras- murmuro incorporándose para recibir a la veterinaria del pueblo.

Pueblo, que como todos los pueblicitos de montaña, contaba con paisanos amables, dispuestos siempre a la familiaridad. La veterinaria pasaba cada mañana por la carretera principal, y se ofrecía para acercar las compras. Ambas se conocieron cuando Alma adquirió la casa y hoy día, podían llamarse amigas.

Caminando hacia ella, Alma sonrió y tuvo que alzar las manos, cuando vio las intenciones de la veterinaria, Inma, de hacer sonar su bocina como siempre.

- Nooo- pidió guardándose de no alzar la voz e Inma detuvo la furgoneta, reteniendo las ganas de bocina.

- ¿Duerme?- pregunto la veterinaria extrañada, bajándose de la furgoneta.

- Si- contesto tímida Alma, Inma la miraba gesticulando divertida con ambas cejas- ¿Quieres una copita de vino?

- ¿Del que te traigo? Por supuesto.

Ambas hablando en voz baja y ambas dispuestas a disfrutar de la llegada de la noche, copita de buen vino en mano, mientras Amanda, reía estacionada, debajo de uno de los puentes de la M45 de Madrid.

- Jajaja, ineptos...Alma me habría interceptado en dos cruces- decía disfrutando del esquinazo dado a su equipo de seguridad. Ahora solo debía esperar unos minutos mas debajo de ese puente, y cambiar el sentido para coger la autovía que en verdad le interesaba. A4 destino Córdoba y con ella, Alma.

Lo sabia y lo supo nada mas ver a Paco, en las puertas del edificio. Demasiados días sin saber de Alma, demasiado entre ellas por hablar, por sentir, por vivir. Demasiado, como para aguantarse las ganas de preguntar por ella, a las que siguieron el querer saber la dirección de su casita e inmensas, las de correr hasta ella.

Fue saberla y cambiar su día. Apuro el trabajo mas apremiante y astuta, solicito un coche de alquiler a nombre de la empresa. Con él aparcado en el garaje, bastaba esquivar a su escolta de planta, usando su mal humor.

- Voy al despacho del director, ¿en serio tengo que aguantarte mirándome el culo?

Si esos modos o esa pregunta, la hubiese empleado con Alma, le hubiese dado igual y seguiría mirando su culo con mas empeño. Pero el niñato, crecido tras una placa de policía, se había limitado a dejarse caer en su silla, esperando que la malvada y estúpida protegida, fuese al despacho del director y después regresase.

Por supuesto no regreso, bajo directa al garaje y salió de él, contando los minutos que tendría hasta que se diesen cuenta de su ausencia. No por profesionalidad del niñato, pero si por la encomiable profesionalidad del jefe de servicio, sabia que no saldría de Madrid, sin ser encontrada, pero ahí contaría con su experiencia al volante, dándoles esquinazo como termino ocurriendo.

El tiempo de espera bajo ese puente, paso y entonces si, acelero dispuesta a coger la autovía con destino Alma. Después de la persecución y del esquinazo, le fue imposible no recordar uno muy parecido con Alma. Al pasar por aquel puente, se sonrió. Alma y su silencio impuesto.

Aquella vez, Alma la encontró bajo el puente. Podía verla bajarse del coche y llegar hasta el suyo. Le encantaba esa imagen dura de Alma. Su seguridad al caminar, sus mínimos gestos y como no, como le abrió la puerta sorprendiéndola.

- Pase al otro lado- el tono empleado por Alma, la excito al instante. Autoritaria y dueña del mundo. La obedeció, esperando ver hasta donde llegaba la impoluta escolta y se excito aun mas, cuando la vio acelerar desconociendo el destino- Puede reírse, pero no escapó de mi.

- Jajaja, ¿quien dijo que quiera escapar de ti?

Y tanto, el recuerdo de su propia pregunta, le asaltaba horas después, llegando al camino de arena indicado por Paco. Había forzado un adiós, y ahora, en su presente, estaba ahí, queriendo borrarlo.

Pero entonces, Amanda también recordó que nada sabía de Alma y esa casa. Por no saber, ni sabia si Alma estaría sola en ella.
 
 
 

1 comentario:

  1. Me encanta, me encanta, me encanta!!!!
    Deseando saber más cosas!!
    Gracias
    L.a.c.e.r

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