domingo, 18 de mayo de 2014

Un adiós, improvisado (10)


¿Realmente había sido tan zorra con ella? Se preguntaba Amanda preparando el baño para ambas. Ahora si, Alma había bajado a comprobar que todo abajo estaba bien y ella se introducía en el agua esperándola.

Si cerraba los ojos, podía recordar perfectamente el primer día que la vio entrar a su despacho. Años con seguridad propia, le daban la experiencia suficiente para catalogarlos por simples formas. Alma no entro intimidada a su despacho, lo hizo educada y dando el respeto que merecía su superior. Se mantuvo en silencio sin mirarla de continuo, indicándole respeto pero no miedo. Cuando le dijo lo que esperaba de su servicio- Que realice su trabajo y no estorbe, con eso me basta- pudo observar en ella un mínimo intento de sonrisa. Dejaba claro así, que no se dejaba amedrentar fácil. Busco ofenderla no dirigiéndoles más palabras y Alma no modificó su postura. Continuó en su misma pose inalterable. Le gusto ese detalle en ella, como le gustó, verla entrar más tarde en su despacho, ya sin su Jefe.

- Siento tener que molestarla, pero sólo entro a familiarizarme con el despacho, comprobar salidas y ese tipo de rollos, que no tienen porque alterar su trabajo.

No estaba pidiéndole permiso, de hecho ya estaba dentro y revisando esos rollos que no debían molestarla. Profesional y callada, fue su primera impresión sobre Alma. Lo confirmo regresando a casa esa misma noche en el coche. Verificó los espejos interiores del mismo, sirviéndose de ellos. Se mostró esquiva con los intentos de su conductor de entablar una conversación y entonces lo supo. No sería fácil darle esquinazo cuando lo necesitase. Lo supo cuando las miradas de ambas se encontraron mediante el pequeño espejo interior. La estaba examinando como ella misma hacía y no rehuyo el contacto visual. Acepto el reto y lo aguanto, hasta que tuvo que ser ella, la que dejó de mirarla.

Que aún más tarde, no se limitase a dormir y que saliese al jardín por simples ruidos, le confirmo que estaba ante una profesional. Todo hubiese sido más fácil, si en los retos velados entre ambas, no hubiese encontrado cierta diversión.

Era divertido contestar a sus aburridos y educados saludos, con cualquier coqueto gesto. Eran esos gestos, los únicos que la alteraban. Un guiño, subir una ceja o una disimulada casual caricia y Alma contestaba quejándose, creyendo no ser vista o escuchada. Adictivo fueron sus joder murmurados, como lo era, que rodase los ojos sarcástica. 

La evidente atracción física fue palpable desde el primer instante. Alma, tras su aspecto duro, tenía una capa de vulnerabilidad respondona que le encantaba. Ni que decir, los trajes de americana y pantalón, de corte ajustado, con su larguísima melena suelta, le daba cierto toque rebelde que unido a su estupenda forma física, la convertían en un dulce con licor muy apetecible.

Zorra si, para conseguir su atención y sus miradas a hurtadillas, para provocar que cualquier pequeño espacio compartido con ella, la tensión sexual entre ambas circulara sin obstáculos.

- Muy zorra- se contestó a ella misma, sonriendo en la bañera.

Cada mañana habían jugado al gato y ratón. Le encantaba esperarla ver llegar de su carrera matutina en la ventana con un buen café. Apenas dos mañanas y Alma detectó su presencia tras el ventanal. Ahí empezó el juego. Alma la miraba directo y ella, no se escondió ante la pillada. Fue esa misma mañana, cuando comenzó a necesitar un mayor contacto con ella y fue ahí, cuando comenzó a comportarse como una zorra.

Lo hacía bajándose la cremallera del vestido para que fuese Alma quien la subiese, se las apaño para que a cada cena o evento, fuese Alma quien tuviese turno y fue muy zorra, cuando la inaccesibilidad de ésta, la enfado. Mentiría si dijese otra cosa. Quería a Alma en su cama, quería sentir su fuerte cuerpo encima suyo, quería follar con ella hasta secarse y Alma se dedicaba a esquivarla. Pero había visto el mismo deseo que ella sentía reflejado en sus ojos, solo había que cazar al ratón en una pequeña trampa y una cena de compromiso más distendida de lo habitual, le dio la oportunidad. Eligió su vestimenta a conciencia, un corto de vestido color negro, corto hasta mitad de muslo que en su lado derecho se abría a la altura de la cadera y la piel que dejaba ver, era apenas cubierta por tres tiras de tela. Ataviada con el y subida a dieciocho centímetros de tacón, esa noche se miro más de una vez en el espejo. El vestido le encajaba como un guante y que éste mostrase el inicio de su glúteo desnudo como parte de su pierna, era el punto exacto de provocación que necesitaba. Bajo las escaleras sin colocarse el abrigo y allí estaba Alma en su habitual postura de manos entrelazadas al frente. Un pie, un escalón, paso a paso llego hasta ella y por cómo Alma la miraba, pese a la tensión de sus mandíbulas, le confirmo que la trampa estaba en buen lugar.

- ¿Que le parece?- le preguntó con una mano en su cadera, justo la contrario a su lado prácticamente desnudo y lo hizo dando por hecho que no habría titubeos quinceañeros por parte de Alma.

- Muy bonito- le había contestado seca con su típica sonrisa de medio lado. Que ganas sintió entonces de acortar distancias y abofetearla. Ese vestido podía tener muchas calificaciones, menos justo la que acababa de recibir.

- Ya- trató de ocultar su enojo, aunque reconocía que no lo había conseguido del todo- Bonito..¿pero me queda bien o es muy provocativo?- insistió dándoselo mascadito pero la niña traviesa que escondía Alma y su seguridad, continuaron jugando con su humor.

- Es tan provocativo como usted ha querido que sea.

Auch, el ratón parecía identificar la trampa y reírse de ella. Gata o zorra o quizás las dos, se enojaron aun más con esa contestación. Por eso acortó la distancia entre ambas de tal manera que sus pechos prácticamente se rozaban en cada respiración, para empujar la trampa hacia el ratón.

- Tienes una buena dialéctica cómo defensa, pero tus ojos son más sinceros de lo que tu misma crees. Y perdona, es provocativo, me queda de puta madre y en conjunto si, resultamos muy bonitos. Ahora vayámonos.

Muy zorra, porque su sentencia fue susurrada a mínimos milímetros de los labios de Alma y porque ahí no quedo la cosa. Continuó provocandola en el coche que las llevaba al Hotel donde se celebraría la cena, lo hizo saliendo de él y lo hizo durante toda la cena, provocando los celos de Alma, ante su coqueteo descarado con uno de los comensales. La trampa definitiva, era hacerla creer que pasaría la noche con ese hombre. La forma, conseguir que el hombre hablase con su seguridad pidiéndoles que se organizarán con la seguridad de Amanda. A hurtadillas espió la reacción de Alma, cuando el escolta del caballero se acercó hasta ella, para organizarse. Alma enseguida la miró y aunque fue una pequeña victoria que lo hiciese, la forma en que Alma la miró, dolía. La sorpresa fue que el ratón volvió a reírse de la trampa y se ofreció para ser ella quien escoltara a la improvisada pareja de amantes.

Por supuesto, no por darle celos se iba a dejar tocar por el entusiasmado caballero que ni en sus mejores sueños se había visto compartiendo cama con una tía como ella. Herida en su orgullo y ninguneada por Alma, el ascensor en el que ambas subían a su habitación se convirtió en un campo de batalla.

- Si quieres podemos dejarte mirar- le dijo con toda la intención de molestarla, pero Alma continuó callada mirando las puertas del ascensor- No te hacia tan cobarde- prosiguió prefiriendo atacarla que ceder al instinto de girarla, abofetearla y después besarla con todo.

- Bueno- le dijo Alma y sintió un soplo de aire. Por fin reaccionaba a sus provocaciones - Yo a usted no la hacía tan ligera.

-  ¿Que estás insinuando?- le preguntó cansada de que el ratón escapase de su trampa y entonces si, tiro de su brazo haciéndola girar. Cara a cara, a ver donde se escondería el ratón.

Recordar como la miró Alma, el deseo mezclado con rabia, le hizo suspirar. Ahí, justo en ese instante debió de detener todo juego con ella , dejar al ratón libre de trampa y sobretodo de zorra. Pero era demasiado el deseo entre ambas y el fuerte carácter de las dos, propicio que ratón y gato, cayesen en la misma trampa.

Cara a cara, Alma no se amedrento ni rectifico lo insinuado.

- Lo que ha escuchado. No me la imaginaba capaz de meterse en los pantalones de cualquiera solo por provocarme. Eso dije- fue lo que dijo, fue como lo dijo acorralándola entre ella y la pared, fueron las ganas inmensas de abofetearla y fue hacerlo con toda la rabia del mundo. Hostia dada que hacía girar la cara de Alma y que ésta, fijará su encierro volcándose encima de ella.

- ¿Y eso lo has deducido tu sola o ha sido tu ego por ti?- le había preguntado aceptando el encierro entre ella y la pared, y si. Alma no le contestó, optó por besarla, como solo Alma era capaz de besarla.

- Esto no es muy profesional- la sobresalto Alma entrando al baño, sacándola de sus recuerdos- Mira lo que conseguí- proseguía risueña Alma, dejando una bandeja en el lavabo. Navegando aun por sus recuerdos, Amanda continuó observándola en silencio, mientras ahora Alma se desnudaba- Hey...¿en que estabas pensando?- término por interrogar al verla callada, introduciéndose con ella en la bañera.

- En lo bien que besas.
 
 
 
 

3 comentarios:

  1. Lo de este par es de morirse de gusto...por tu madre, padre o quien sea...no lo dejes asiiiiii

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  2. ...Me encanta este relato....y ese nombre ALMA ..muchisimo...
    GRACIAS....
    Celeste-Negro

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  3. Yo no se si se comporto como una zorra...no...solo se que esta zorra a mi me encanta..como me gusta tambien Alma...dos mujeres con caracter aunque alguna tiene que ceder..¿O no?..quien sabe...pero Amanda....uff furufufff..fufu.
    '' Pegaita '' al el relato estoy maestra....me gusta muchisimo...
    Divina-Wilson

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