miércoles, 30 de abril de 2014

Mis cincuenta cláusulas 109


Mientras conducía camino a las oficinas de Julia, Minerva no pudo evitar recordar la conversación mantenida con ella, estando aun ingresada en Nueva Zelanda. El increíble cariño que había nacido entre el pequeño y la magnate, la emocionaba y fue por él y por ese cariño, que ella misma provoco la conversación.

Ahora, conduciendo hacia ella, y con la información que le había dado Fatima, sobre el "hobby" de Julia, le hacia regañarse. Quizás aquel día había sido demasiado tajante, anteponiendo su trabajo como fotógrafa a la nueva ilusión de Julia. Pero es que en verdad, ¿se veía ya como madre? Minerva tenía sus dudas y la velocidad a la que que estaba yendo todo, no es que la dejara pensar con mucha claridad.

Lo que tenía clarisimo, es que Julia y sus intentos continuos por mimarla al extremo, había aceptado su- Aún tenemos mucho que vivir juntas y solas, hay tiempo para todo, cariño- sin mas posibilidades que esperar y en esa espera, buscar información sobre la maternidad.

- Joder- protesto palmeando el volante. Normal que Julia no le hubiese contado nada, temía un nuevo "Esperate" por su parte. El nuevo descubrimiento le hizo arrugar los labios apenada, primero se pone celosa como una perra por una amiga como Fatima, y después, descubre que su mujer le tiene que ocultar sus ganas de ser madre- De ser madre conmigo, si es que...- continuo regañándose mientras llegada al edificio, aparcaba en su propio aparcamiento.

De pronto, no tenia ningunas ganas de tropezar con alguien conocido o de hacerse la señora "de" super simpática, lo que quería era llegar al despacho de Julia y darle el mayor de los besos. Y así lo hizo, caminó todo lo rápido que pudo, apenas saludo a los empleados y visitas con las que se cruzo y con una gran sonrisa indico a Izascu, secretaria personal de Julia, que se colaba en su despacho sin necesidad de avisarla.

Con prisas abrió la puerta y con la mano en el pomo se quedo, totalmente parada por la imagen con la que topo. La de su padre entre las piernas de una Julia, insultantemente bella. Tuvo que cerrar y abrir varias veces los ojos, verificando que no era un mal sueño y guardo como pudo a la perra celosa de su princesa interior. Eso, no podía ser lo que parecía.

- No es lo que parece- le dijo Julia, esquivando el cuerpo de su suegro, con una gran sonrisa, encantada de verla en su puerta. Guillermo apenas se movió empeñado en colocarle una lentilla de color azul a la magnate y a Minerva, no le quedo mas que entrar en el despacho aun con la boca a medio abrir y cerrar la puerta tras ella- Buenos días- continuo saludando Julia, esperando que de la deseada boca de Minerva, dejara de mostrar sorpresa y sonriese, indicándole que la tormenta había pasado y podía llegar una placentera calma.

- Eh- pero a Minerva le costaba reaccionar, menos si su padre continuaba entre las largas piernas de Julia como si nada- Papa- acabó llamándole la atención y este se alejo de Julia lo justo, para enseñarle a si hija, su gran idea.

- Mira esto- le dijo a Minerva tomando la barbilla de la magnate. La misma que rodaba los ojos, haciéndole ver a Minerva, que su padre se estaba pasando de insistente- Pensé, a Julia su empleados la reconocerán al momento, es alta y...es alta- resumió, cuidadoso de animar al ego de la magnate.

- Y guapa- lo corrigió al momento Julia, sin necesidad de que nadie le mantenga alto el ego. En su particular pique, ambos omitieron a Minerva, hasta que ésta se harto.

- Estoy aquí, ¿eh? Y va para los dos- les advirtió sin acritud, mas bien estaba encantada, que esos dos se llevasen como el perro y el gato, tenia mucho de positivo, y es que, se llevaban. Fue llamarles la atención, y la obtuvo. Julia le ofreció sus labios y Guillermo su mejilla. Era para comérselos a ambos- Primero tu- advirtió besando la mejilla de su padre, aun entre las piernas de Julia y después a esta, a pesar de las murmuraciones de su padre, por lo pelín largo que a él se le hizo el beso de ambas- Jajaja, todo esto es muy extraño, pero estáis guapísimos- los piropeo apoyándose en el escritorio. De cara a Julia, enseguida tomo cuentas, de que su ojo derecho, el que ahora lucía azul, se enrojecía por momentos- Julia- trato de mirarselo bien, inclinándose hacia ella, pero su padre lo evitaba empeñado en colocarle la segunda- Papa- lo volvió a regañar y Julia le sonrió complacida. La perra celosa de su princesa interior, rápido asomo la cabecita, esa sonrisa de Julia, llevaba algo mas que complacencia- Por dios- murmuro sin darse cuenta, queriendo encerrarla, no era el momento de excitarse pero Julia y su forma de mirarla veladamente, envalentonaban a su princesa interior, la misma, que parpadeaba sensual a su doma- Un momento- alzó la voz, bajando la cabeza de su princesa interior, a la vez, que apartaba a su padre- Te esta haciendo reacción- dijo regañando a ambos y Guillermo abrió los ojos sorprendido para después examinar junto a su hija, el ojo rojo rojisimo de su nuera- Joder, quitasela.

- Solo queríamos darle otra imagen, mañana sera una simple broker- se defendió Guillermo y en otras Julia le hubiese corregido afirmando que era idea suya, no de ambos. Pero la magnate llevaba demasiadas horas privada de Minerva, y así, solo tenía ojos, uno de ellos enrojecido, para ésta.

Con Julia mirándola así, su princesa interior queriendo ser su sumisa y su padre, en plan nene pequeño con muñeca nueva, iba siendo hora de terminar con la pequeña reunión familiar. Decidida, mando a Julia a su baño a retirarse la lentilla y fue despidiendo como pudo a su padre. Aunque para ello, le costo aceptar un aperitivo con él y Nicolás, en cuanto acabase en el despacho de Julia.

- Tu adelantate- lo empujaba prácticamente, sacándolo del despacho- y en cuanto salga de aquí, te aviso.

- Para cinco minutos, te espero- se anclaba su padre al suelo- Si no tengo nada mejor que hacer- se excusaba Guillermo, al tiempo que la magnate salia de su baño, aun corrigiéndose el rimen.

Su refinado gesto, volvió loca a la princesa de Minerva, vestida como iba y con esos gestos, Julia jamas podría pasar desapercibida y su princesa interior rugía de puro placer, queriendo volar hacia ella. Julia, apreció en Minerva cierto embobamiento que le hizo sonreirle en un lenguaje callado entre ambas. Pero no estaban solas y Guillermo fue muy consciente de las miraditas entre ambas.

- He venido en mi coche, Papa...- corrió a decir Minerva, con su princesa interior, gobernando sus instintos y deseos- No tiene caso, adelantate y nos vemos en el Club.

- ¿En diez minutos?- quiso precisar Guillermo sin dejar de espiarlas y Julia le indico la salida, declarándose ganadora- Pss- chasco chulito introduciendo ambas manos en sus bolsillos, dispuesto a caminar muy lento hacia la salida.

Al final lo hizo, dejando solas a la pareja en el despacho. Julia sintiendo como cerraba la puerta, regreso a su butaca, y cruzándose de piernas, espero que Minerva fuese a por ella. Mandaba la princesa interior, y esa no tardo nada en llegar hasta ella, abrirle las piernas y colarse entre ellas suspirando.

- Por fin- susurro tomando con ambas manos el cuello de Julia y ésta tardo lo mismo en incorporarse y acorralarla contra el escritorio y su cuerpo. Minerva había llegado al despacho queriendo besarla, devolviéndole en ese beso, lo pasado desde la noche anterior, pero era ella, quien recibía un beso húmedo y profundo. Era ella, quien ahora sentía las delicadas manos de Julia, casi cerrándole el cuello, mientras su boca sufría la añoranza de la magnate- Uhm...si, yo también te extrañe- murmuro contra su boca, pero el silencio Arango, le aventuraba la concentración plena de Julia en ella. En ella y su cuerpo, en ella y su seno derecho, sin que Julia la dejase respirar, mas que para gemir, y que solo dejase su boca, para bajar hasta su seno, misteriosamente descubierto y llenarla con él- Madre mía- gimió plenamente consciente del alto poder de Julia en su deseo, el mismo que fue interrumpido por el regreso de Guillermo.

- Joder- exclamo Julia cabreada con quien fuese que entraba sin llamar y tuvo tiempo, hasta de encerrar a su fruto preferido entre sus brazos, protegiéndola de toda mirada ajena.

- Papa- regaño Minerva peleando por salir de los brazos de Julia. Era su padre quien estaba tras ellas, con la boca abierta y los ojos apunto de incendiarse. Y era ella, su hija, la que se estaba comiendo la boca con Julia, demasiado ansiosa y con un seno al descubierto. Guillermo no llego a ver el seno pero le bastaba con el beso interrumpido, para regañarla llamándola al orden.

- Minerva- la nombró abriendo los brazos, sin poder creerlo y esperando una rápida separación, que tardo lo que Julia necesito para bajarse de la nube de pasión y volver a cubrir el seno de Minerva.

- Guillermo- murmuro Julia dando por bien vestida a Minerva, cargada de una inquina fugaz hacia su suegro. Sin imaginar, que por la puerta, aparecería alguien mas.

- Julia- a los tres se agrego un caballero desconocido para Minerva, que sonreía ajeno a todo- Que gusto verte- se adentro el caballero con confianza y Guillermo recupero la sonrisa. Julia se veía claramente molesta. Ganaba él.

- Fernando- contesto tratando que su voz saliese con normalidad, al tanto que Minerva continuaba controlando su agitada respiración, mirando a unos y a la suya.

- ¿Y esta jovencita tan hermosa quien es?- interrogo el caballero ofreciendo educado su mano a Minerva, quien la recibía riendo por dentro ante la situación.

- Mi esposa

- Mi hija

Contestaron al unísono ambos, pavoneándose gallardos ante pequeñas risas de Minerva, que congratulaba terminaba por saludar al caballero de nombre Fernando. Caballero que continuaba mirándola y que después, miraba a Julia muy sonriente.

- Siempre supiste rodearte de belleza, vieja zorra- halago el caballero sorprendiendo a Minerva por los modos y rápido acudió a abrazarse con Julia.

- La vida y su empeño en querer tratarme bien.
 
 
 
 

1 comentario:

  1. MAS GEMITOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO POR FAVOR NÃOSEJA RUIM PRA SUA FIEL SEGUIDORA
    BRIGONINHA

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